El viento me arranca los latidos, La tinta de la pluma esta seca,
Mis labios rajados por el frío, Y la llaga del costado aumenta.
La noche no tiene sueño, Soy yo el que está abatido,
Mis parpados son el dueño, Y mi inspiración la he perdido.
He pedido un descanso, y no me lo han concedido,
Que voy dejando los años, Y no los he visto.
La valla ya la he saltado, y mira tu que suerte, me di de morros contigo,
La musa del otro lado, y mira tu que suerte, la iluminación me ha venido.
La tinta será mi sangre, Pero ahora debo escribirte,Esa sonrisa me vale,
aunque me deje la vida,Sabré que no ha sido en balde, que no me importaría
Ahora deseo estar en vela, Pa en tus ojos soñar despierto,
Escribirte mil poemas, hasta que se me agote el tiempo.
Que ya el dolor no duele, deje de ver las flores impalpables
Ahora recuerdo como huelen, ahora puedo acariciarlas.
Que lo lamentable atenuaste, a lo oscuro diste alba,
Con reflejos de esperanza dejando atrás la añoranza.
Y esta es mi nueva bonanza, deje de morder la manzana,
Del reino de la ruina, de las hadas dormidas,
De horas frente a la rutina, la rutina de mi vida,
Y ahora el llanto es de alegría, la dicha de mi sonrisa,
Cambié el gris por día, y arranqué la pesadilla.
De la pared de mi desidia, del tormento de mi locura,
La locura pesada y dolida, tu voz fue la cura.
Ya salté el muro, y que bueno que te encontré,
La que me arranca poesía, la que me trajo la fe.
La tinta será mi sangre, Pero ahora debo escribirte,Esa sonrisa me vale,
aunque me deje la vida,Sabré que no ha sido en balde, que no me importaría
Ahora deseo estar en vela, Pa en tus ojos soñar despierto,
Escribirte mil poemas, Vuelve a responderme el viento.