Tormenta de madrugá, que estalla y no me deja de pensar.
Caprichos de tempestad, que enloquece a cada paso que da.
Vida que se me escapa de las manos como agua de manantial.
Cielo inmenso y rojo que te delatas ensangrentado,
perdí las alas en la batalla, oigo gritos quebrantados.
Y el silencio es el que me ayuda a no andar descalzo,
entre cristales que me saludan esperando cualquier fallo.
En la cueva me encierro y me enfrento al lobo que está de guardián,
caigo por las grietas que rajan la tierra a cada paso que da.
Y la antorcha se me apaga, no encuentro la salida...
por donde el viento debe entrar...
Elige la puerta, y que sea la correcta, por que si no...
2006
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