La sensualidad del balie de una nube, que se evapora en el calor,
Dicen que la lluvia no seduce, dicen que una nube no puede dar amor.
El rojo del carmín de tus labios, ya me vino a convertir en sudor,
El negro lápiz de tus ojos, ya vino a convertirse en mi religión.
Y me convertí en tu devoto, en el más sumiso observador,
Del baile de una encantadora de serpientes, que su veneno me promulgó,
Dicen que ella vuelve la nieve caliente, dicen que a ella nadie la negó,
Ella es la diosa de todos los creyentes, y a mi me convirtió en pecador.
La pasión al cabalgar de un pura sangre, la más pura obsesión,
Que no se donde empiezan sus bailes, y no se donde termino yo,
Si sus uñas se clavan en mi carne, nunca me pedirá perdón,
Solo vuélveme salvaje, y déjame regalarte ardiente mi admiración.
Y te convertiste en puro vicio, de esta no me salva ni dios,
Déjame atarme a tu boca, dejaré que me comas el corazón,
Dicen que ella vuelve a la nieve caliente, dicen que a ella nadie la negó,
Ella es la diosa de todos los creyentes, y a mi me convirtió en pecador.
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