
Es el fantasma de tu sombra,
maldito monstruo sin argumentos,
es el que destruyó la obra,
del carmín dibujado en un lienzo,
del beso que le negó tu boca,
boca que se quedó sin aliento.
Es el ladrón que desgarró tu ropa,
rompiendo un reloj de arena en el tiempo,
suplicas que rajaron la aurora,
y un gritó quebrantó el silencio,
es el fantasma de tu sombra,
que desató el lazo de tu pelo.
Dejando una marca de pena,
en tu dulce rostro sirena,
y por más que suplicaras clemencia,
menos parecías merecerla,
dejando caer ríos de sangre,
por tu dulce rostro princesa.
No le perdones, ni le pidas perdón,
él es el monstruo que te golpea,
ódiale y guárdale el rencor,
cobardemente destruyó tu inocencia.
Ingenuidad hermosa que ha maltratado,
no merece clemencia ni ser amado,
maldita crueldad la que le ha llevado,
a transformarse en el monstruo
en el que se ha transformado.
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