Los pájaros vuelan raso esta madrugada,
La mañana vendrá con su serenidad,
Yo quisiera que tus besos me atraparan,
Pero vuelvo a despertar con mi soledad.
Vuelves a ser la quimera que se me escapa,
vuelve a ser culpa de mi genialidad,
y no quiero resultar un pretencioso,
pero al mirarte, niña, es muy fácil imaginar.
Intentando imaginar que nunca hay tormentas,
Y que las olas de mi esperanza nunca se van,
Yo te ofrecería infinitos besos de menta
Pero tu siempre los preferiste con sal.
Aquellas letras que taché de aquel papel,
Porque al amanecer mi canción no era tan bella.
Porque el amor no es siempre tiene un sabor a miel,
como dijo el sabio el amor nunca fue una ciencia.
Ya ni el buen tiempo te quita de mi cabeza,
Ni el cantar de los pájaros me da fuerza,
Es imposible olvidar tanta belleza,
Y despertar cada mañana con tu ausencia.
Ya no me das los besos,
ni siquiera me das pelea
Porque ya ni queda tiempo,
en la prisa que nos rodea.
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